Calabazas
EL azar quiso que la chica que me dio calabazas cuando yo era adolescente viviera en el mismo edificio al que me mudé hace algunos años. Ella estaba divorciada y tenía un par de hijos pequeños. El caso es que tal día como hoy, la madrugada del 1 de noviembre de 1997, me puse en la cabeza una calabaza hueca con dos agujeros para los ojos y llamé a su puerta. Me abrieron los niños que, nada más verme y tras un segundo de perplejidad, se echaron a llorar desconsoladamente. Nunca habían visto a nadie celebrar la noche de Halloween. Enseguida apareció la madre, que gritó enloquecida y me dio con la puerta en las narices. Estaba claro que no me había reconocido y tampoco iba a entender mi venganza. Ella me había dado calabazas y yo le correspondía, al cabo de los años, disfrazado de víctima. La víctima de unas calabazas. Miré el reloj y descubrí que eran las doce y media de la noche. En efecto, me había pasado. No eran horas de llamar a ninguna casa decente, aunque fuera la madrugada de un sábado especial.
- Fecha: 31-10-2009
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