El extraño caso de Bustos Domecq

PARA entender la historia de Bustos Domecq no hay que ser un genio, pero sí hay que haber leído un poco, no mucho, sólo un poco. Bustos Domecq fue el alter-ego de dos grandes escritores argentinos: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges; Domecq fue un personaje que estos dos autores inventaron para dar rienda suelta a sus opiniones más radicales sobre esto y aquello, y entre tanto pasárselo bien a toda costa. Bustos Domecq es la fotografía velada y turbia de una traición: la de la autoría y la de la amistad. Tampoco hay que marear la perdiz, sólo decir que Bustos Domecq publicó un par de títulos hilarantes que en su momento causaron gran revuelo y que como tal es considerado el primer escritor con personalidad propia que, en realidad, no existe. La broma sería luego copiada hasta la saciedad por autores hoy tan renombrados como Roberto Bolaño, cuando crea al Carlos Wieder de Estrella distante , e incluso su demencial lista de Literatura Nazi en América es una receta extraída del escritor invisible; pero no nos equivoquemos, Bustos Domecq no es un heterónimo, no es un alias, ni siquiera un seudónimo, al contrario, es alguien que siente, y sobretodo, disiente, como si estuviera vivito y coleando.