La transfiguración de la materia

E L primer rasgo que advertimos al contemplar tres decenios de producción escultórica de Suso de Marcos (Boimorto, La Coruña, 1950) es la radical dualidad temática que la atraviesa, o, si se quiere, el doble itinerario que el artista ha seguido en su infatigable investigación: de un lado, el contenido religioso, la sujeción también a unos cánones, a unos gestos, a una apariencia externa; de otro, la obra abstracta, la pura creación interior, con referencias sobre todo al mundo poético de sus autores preferidos. Ambos caminos no sólo no son excluyentes, sino que se complementan, y, sin contradicción alguna, se retroalimentan. Ello se debe, principalmente, al trasfondo de artesano que sigue existiendo en el Suso de Marcos creador y artista, esto es, a cómo no ha renunciado conscientemente a seguir siendo un «artifex». Es el exacto conocimiento y el amor a los materiales, seleccionados con cuidado y precisión; es, asimismo, la inclinación natural por la obra bien hecha, acabada, salida enteramente de sus manos, cual objeto perfecto, impidiendo así que aparezca esa enfermedad del espíritu que es la alienación y que se cebará con los obreros industriales.